“La comunicación tiene un poder transformador”: Irela Solórzano, psicóloga.

Por María José Vargas

Entre el alboroto, la gente caminando de allá para acá, las múltiples ponencias y la inminente hora del café, Irela Solórzano Prado se escabulló del I Congreso Centroamericano de Comunicación, en la Universidad de Costa Rica (UCR), para conversar sobre sí misma, así como sobre su trabajo profesional. Su presentación ya había sido en la mañana del día miércoles; en esta Solórzano expuso sobre “Medios masivos y movilización social en la prevención de la explotación sexual comercial”. Este día ella iba vestida de rojo, una camisa de tirantes y una con mangas por encima, sus labios y bisutería, todo de este llamativo color, mientras que sus ojos y cabellos hacían juego con el color negro. En sus dedos anulares llevaba anillos de plata.

Esta psicóloga vino desde Nicaragua como representante de la organización feminista Puntos de encuentro, la cual trabaja en la defensa de los derechos y la autonomía de las mujeres desde la comunicación. Específicamente, la nicaragüense expuso la iniciativa “Contracorriente”: una serie televisiva que, más allá de entretener y educar, busca provocar un cambio social en temáticas como el comercio y la explotación sexual de adolescentes, el manejo del dinero en la familia, la identidad sexual, entre otros.

“Yo en la organización tengo más de 20 años y entré precisamente para trabajar en el tema de derechos, con un énfasis en mujeres jóvenes. Una de las líneas de trabajo prioritarias tiene que ver con el fortalecimiento de movimientos sociales, en particular con el diálogo y el trabajo intergeneracional. Además, la investigación aplicada al campo de la comunicación ha sido una de mis grandes pasiones”.

Puntos de encuentro logró vincular la investigación y el trabajo de personas especialistas con el ejercicio de la comunicación “en la calle”, una proeza que muchas veces es difícil de lograr. Para la producción de Contracorriente se contó con la validación de más de 100 organizaciones y personas especialistas y se invirtieron recursos, tanto humanos como económicos, para conocer el contexto donde se implementaría (cuestión que, según Solórzano, es esencial). Más allá de quedarse en la teleserie, la organización también organizó otro tipo de campañas, actividades, trabajos con jóvenes, etc. para recalcar y difundir aún más su mensaje.

 

Profesionalmente, Solórzano se dedica a la investigación, pero también ha asumido roles de coordinación. Esto requiere espacio para trabajar en solitario y al mismo tiempo para tratar con otras personas en el desarrollo de tareas, lo cual refleja su forma de ser introvertida, pero igualmente gustosa de interactuar con la gente. Asimismo, la causa feminista es la que más la mueve. “Por extensión, esta (la causa feminista) no es solo por la defensa de las mujeres, sino también por la justicia social, por erradicar cualquier forma de discriminación y violencia”.

Fuera del ámbito laboral y profesional, Solórzano lleva una vida tranquila y sin mucha variación. Tiene dos hijos, una hija y una nieta, con los cuales pasa mucho de su tiempo libre. También disfruta de actividades de militancia política, pero siempre con componentes lúdicos. El cine, la música y la lectura son de sus pasatiempos favoritos. Entre sus autoras favoritas están la chilena Marcela Serrano y la nicaragüense Gioconda Belli.

Finalmente, para ella lo más valioso de un Congreso Centroamericano de Comunicación es la posibilidad de acercar los mundos académicos y de la sociedad civil, como organizaciones y fundaciones. El encuentro, según la psicóloga, permite la coordinación a doble vía, pues en algunas ocasiones no se habla el mismo lenguaje pero muchas veces se busca el mismo fin, por lo que ambos mundos deberían trabajar de manera conjunta.

“La comunicación está intrínseca en los procesos de cambio social, tiene un poder transformador. Ese poner en público un tema, lanzar una idea controversial para que genere debate, ofrecer una información para que la gente tenga cosas de qué hablar, el generar diálogo en sí mismo, ya son procesos de cambio”.

Después de posar para algunas fotos, Solórzano corrió a presenciar lo que quedaba del simposio de Comunicación digital, pues asegura que cinco décadas de vida le provocan un poco de ajenidad a esos entornos; eso sí, no sin antes expresar una despedida y una sonrisa calurosamente centroamericanas.